LAGO
DE ATITLAN
De nuevo listo para recibir turistas.
El 5 de
octubre del año 2005 será recordado como el día
que más subió de nivel el lago de Atitlán:
30 centímetros en 24 horas. Esto es un record si tomamos
en cuenta que en los últimos cinco años el nivel
del lago ha subido un poco en la estación de lluvias
y bajado más en la estación seca. En promedio
ha bajado 41 centímetros por año.
El lago subió tanto ese 5 de octubre no sólo porque
la lluvia fue intensa y sin parar, sino porque muchos riachuelos
y ríos ya desaparecidos volvieron a surgir, bajando de
las montañas y llevando enormes cantidades de agua hacia
el lago. En algunos pueblos no solo bajó agua sino palos
y piedras que destruyeron viviendas e incluso causaron la muerte
de varias personas. Los daños más severos ocurrieron
en Panajachel, Santiago Atitlán y San Marcos la Laguna.
Pero un mes después de esa histórica crecida del
lago Atitlán y sus contornos está listo para recibir
a los turistas. La carretera interamericana es transitable,
con leves interrupciones de 5 a 10 minutos en lugares donde
se está reparando algunos tramos. Panajachel está
de nuevo conectada plenamente por tierra, tanto por la ruta
de Sololá como la de San Andrés Semetabaj. A Santiago
Atitlán se puede llegar por Godínez o por la costa,
pasando por San Lucas Tolimán. A San Pedro, San Pablo,
San Marcos y San Juan La Laguna, se puede llegar directamente
por carretera asfaltada bajando por el kilómetro 149
de la carretera interamericana.
Por supuesto, después de la tormenta Stan el paisaje
de Atitlán se ha modificado levemente. Sobre todo se
aprecian ahora deslaves de tierra sobre las montañas
que circundan el lago. Sólo en los alrededores de San
Juan la Laguna hay 40 deslaves de tierra que dan cuenta de lo
que significó para la naturaleza una tormenta como esta.
Por cierto, los nativos del lugar relatan que hace aproximadamente
50 años ocurrió algo similar y que ahora se abrieron
viejos cauces de riachuelos que antes existían en la
región.
El turista que visita Atitlán encontrará la hermosura
de siempre de un lago cristalino, 3 volcanes gigantescos, el
verdor de las montañas y cultivos y, por supuesto, algunas
modificaciones y daños en ciertos lugares. Visitar Atitlán
ahora es una forma de comunicarse con la naturaleza en sus múltiples
expresiones.